Ya han pasado abril, la Semana Santa y con ellos se ha mitigado también la profunda nostalgia que siento por mis abuelos que se fueron en esas fechas. Para otras personas es la Navidad la época del año en que más notan la falta de sus seres queridos; todos tenemos vivencias diferentes y a la vez parecidas.
Recuerdo a mi madre contándome cosas sobre su abuela con mucho amor, pero yo no llegué a conocerla, para mí todo era muy lejano, y aunque mis hijos si han llegado a conocer a mi abuelo, que murió con 102 años, igualmente no deja de ser un conocimiento un poco superficial, pocas horas de visita dos o tres veces al año, a todas luces insuficiente.
Desde luego mis hijos no han visto el amor y respeto que se tenían mis abuelos, su historia fue de amor y superación de obstáculos porque la familia de ella no le quería a él por ser pobre, toda una novela como le gustaban a mi abuela, por otra parte gran aficionada a todo tipo de lectura, pasión que he heredado, y demás le gustaba escribir poesía.
Si nos portábamos mal le decían a mi madre: este niñ@ necesita una buena tunda, pero ellos no nos ponían la mano encima, así que echábamos a correr antes de que mi madre reaccionara y decidiera obedecer a sus padres. Cuando visitaba a mis abuelos me hacían sentir la más grande y guapa del mundo, su preferida y lo mejor es que todos los nietos se sentían los preferidos. Después de las vacaciones en el colegio volvía a ser de las más bajitas de la clase y no precisamente de las más populares, ya que era más bien tímida pero si me tocaban las narices, ya fuera chico o chica, no dudaba en defenderme contundentemente.
¡Y qué decir de los cuentos de mi abuelo! Recuerdo a todos mis hermanos y primos colocados alrededor de él mientras nos contaba cuentos haciendo todas las voces de los animales y ruidos imprescindibles para un buen cuento. Cuentos, chascarrillos, algunos no los he oído ni leído en ninguna otra parte, de tan antiguos que son.
¿Cuántas veces he oído a mi abuelo contar las dificultades que tuvieron que superar en sus vidas? ¿Qué otra cosa podía hacer…? me preguntaba a mí mientras yo le escuchaba con creciente admiración y amor.
Si creéis que exagero leed la entrada del blog realizado por mi hermano
http://francvalverde.blogspot.com.es/2012/11/dedicada-la-madre-y-todas-las-madres.html
Me gustaría pasar todo el legado de mis abuelos a mis hijos, pero sé que por muchas anécdotas que les cuente para ellos será algo lejano, una historia no vivida desde dentro, así que:
1.- Trato a mi marido con amor y respeto como quiero que él me trate a mí y si en algo no estamos de acuerdo procuramos hablarlo a solas, por si acaso se me enciende el genio que según mi marido tengo, aunque yo creo que soy un pedazo de pan.
2.- Mis hijos son los más guapos, altos e inteligentes que hay, porque para llamarse otras cosas ya tienen a sus propios hermanos para bajarse los humos mutuamente.
3.- Uno de mis hermanos le pidió a mi abuelo que le contara cuentos a una grabadora y luego nos pasó copias a todos y yo se las pongo a mis hijos.
4.- Cuando creo que las dificultades de la vida me sobrepasan sobre todo la falta de trabajo y de salud me recuerdo que soy nieta de mis abuelos, su sangre corre por mis venas…
Después de todo ¿Qué otra cosa puedo hacer…?
Articulo de Maribel Valverde. Para mas artículos interesantes de Maribel, puedes entrar en su blog o en su tienda de nutrición saludable y control de peso










